Contrario a la creencia popular, una gran parte del BDSM no se centra en la estimulación, o el castigo físico, sino en la psicológica y la imaginación. Esto se conoce como fantasear. El erotismo verbal y la anticipación son herramientas cruciales, a menudo mucho más potentes que la acción en sí misma. Un ejemplo perfecto es el pegging (el acto de una mujer penetrando analmente a un hombre con un strap-on), cuyo mayor atractivo no es la estimulación física, sino la cerebral: la idea de hacer algo "prohibido". Este "montarse la película" no es solo una fantasía interna; con frecuencia forma parte de una colaboración que se asemeja a un "ritual planeado o a una producción teatral". En este espacio, los participantes co-crean una narrativa donde el misterio y la expectación son el verdadero motor del erotismo. "Mantén siempre al sumiso adivinando lo que va a ocurrir en la sesión. Esto estimula su imaginación. Sería un error decirle lo que se tiene pensado para él. Esto arruina la emoción y es comparable a soltar el aire de un bonito globo de colores." Este enfoque en lo psicológico desafía por completo la percepción superficial del BDSM como una práctica meramente física o violenta, revelando su profunda base en la fantasía compartida y la actuación consensuada.